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Esos protagonistas anónimos

Fuente de la plaza de La Seo.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. Arxiu Comarcal del Maresme, ACM70-439-N-447

Rest. Digital. F. Ríos Raffo

Imagino al adolescente Llorenç Nonell entusiasmado por las calles y plazas zaragozanas retratando todo aquello que le resultara notorio, completando la visita realizada a la Exposición Hispano-Francesa de 1908. No era una empresa fácil portear por la ciudad el equipo fotográfico, con una cámara pesada y voluminosa, trípode, chasis portaplacas, objetivos, etc. que con frecuencia rondaban los 10 kg o más. A todo ello añadimos las placas de vidrio, frágiles y no muy ligeras, que por lo visto tampoco escatimó en número el joven manresano.

Desde luego nada que ver con la realidad que vivimos, donde cada vez más impera la inmediatez, la difusión multitudinaria, los selfis, Instagram, TikTok, demandando nuestros moceríos, y no tan mozos, herramientas pequeñas, ligeras, con muchas aplicaciones y programas que manipulen la imagen a gusto del consumidor -nunca mejor dicho-, pero que cada vez se aleja más de lo que podemos considerar el arte de la fotografía.

Nos hemos ido olvidando de conceptos como distancia focal, profundidad de campo, apertura de diafragma, velocidad de obturación, sensibilidad del sensor, confiando nuestra pericia a esa maravillosa y socorrida opción “modo automático”, ciertamente útil, confieso que la uso bastante. Pero volviendo al jovenzano de los Nonell y a la fotografía de antaño, hay una característica muy especial bastante común en la época. En el momento de realizar la toma se requiere la presencia de vecinos y viandantes, lo que podríamos llamar secundarios necesarios, o por no restarles importancia protagonistas anónimos, independientemente como es lógico de la aparición de familiares -nunca pueden faltar las imágenes para la posteridad modalidad “estuvimos aquí” casi de obligado cumplimiento-. Normalmente cuando vamos a inmortalizar un monumento, una estatua, algo que nos interese, intentamos por todos los medios que nadie interfiera estropeando nuestra composición. Por el contrario, es habitual en las imágenes centenarias contar con el concurso de quien “descuidadamente pasaba por allí” o haciendo un “don Tancredo”. Además del aporte estético, estas tomas han añadido valiosa información como documento de la realidad del momento en el que se capturaron. Precisamente en las dos preciosas fotografías de este artículo se optó por este recurso.

Lonja de Zaragoza.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. Arxiu Comarcal del Maresme, ACM70-439-N-444

Rest. Digital. F. Ríos Raffo

En su deambular urbano Llorenç se presentó en la plaza de La Seo. Realizó sus tomas —unos planos generales— del palacio Arzobispal, arco incluido, y de la catedral de San Salvador. Pero cuando descubre la fuente de la ninfa vertiendo agua a través de sus cántaros se despierta su ojo de artista, concibiendo una puesta en escena que hace de esta fotografía algo diferencial. Lo normal en una situación parecida es plantarse delante de la estatua, centrarla en el visor de nuestra cámara, esperar que nadie importune nuestro encuadre, enfocar y presionar el botón. Yo, particularmente para mi archivo, me doy por satisfecho, pero imágenes así, del mismo lugar, hay miles. Prestando atención a la fotografía podemos observar varias particularidades: el fondo, por muy palacio neoclásico que sea, resulta irrelevante, es más, como la zona que le interesa está sombría prolonga la exposición resultando el edificio “quemado”; el centro de interés no es la ninfa grecorromana de inspiración francesa forjada en la fundición Averly, que desde 1862, con sus 2,10 metros, dominaba la plaza, se traslada a los humildes vecinos del barrio de La Seo que simplemente van a proveerse de agua a la que fue segunda fuente pública de la ciudad, lo cual ya nos da pistas de paso sobre el nivel social y económico del que se disfrutaba en la época, por lo menos ya no tenían que bajar al Ebro los aguadores para su posterior reparto.

Impacta la forma en la que estos protagonistas anónimos llenan sus cántaros, para el consumo de boca no pueden cogerla directamente del pilón octogonal, cuestiones de salud pública, por lo que tienen que auxiliarse de una especie de cerbatana o pértiga hueca que une la salida del chorro de agua de la mal llamada Samaritana con la boca de los recipientes correspondientes. Sin la presencia necesaria de estas personas corrientes realizando acciones de la vida cotidiana sería una fotografía de tantas. Esta composición hace de la estampa que contemplamos una verdadera obra de arte. Téngase también en cuenta que para poder plasmar la escena en un negativo de vidrio estereoscópico los participantes debían permanecer quietos varios segundos para que la imagen no saliera “movida”.

Igualmente en la segunda imagen la lógica nos dice que el centro de atención debería ser la preciosa Lonja de Mercaderes, pero no, el joven fotógrafo destaca en primera línea a ese señor con gorra de plato y pozal en mano convirtiéndolo en el extra necesario para que la fotografía sea especial y distintiva. La presencia de figurantes en el arte fotográfico no es un simple recurso de relleno ni de “atrezo humano”, aporta realismo dando vida a la imagen.

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