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Una exposición para un centenario

Panorámica desde el Edificio de Escuelas de Artes y Oficios.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. ACM-70-439-464. Archivo Comarcal del Maresme

La Exposición Hispano-Francesa de 1908 fue el gran acontecimiento que desbordó la ciudad de Zaragoza y cuyo epicentro se encontraba en los terrenos de la ex Huerta de Santa Engracia, celebrándose desde el 1 de mayo hasta su clausura el 5 de diciembre. Los Nonell Sarret recorrieron los pabellones conmemorativos y Llorenç, el hijo varón, provisto de su cámara estereoscópica, no dudó en fotografiar algunos de los que componían la muestra.

Aprovechando su visita al Palacio de las Escuelas de Artes y Oficios, tomó una imagen probablemente desde los arcos del tercer piso que nos ofrece una perspectiva inusual del recinto, en la que podemos ver algunas de las llamadas instalaciones particulares que no solían ser fotografiadas, eclipsadas por los edificios principales.

Pabellón de los Altos Hornos de Vizcaya, con una de las hermanas Nonell Sarret.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. ACM-70-439-491. Archivo Comarcal del Maresme

Gran parte de la panorámica la ocupa el Pabellón Central o de la Alimentación, con su rotonda de entrada, bajo la cual se encontraba la instalación de la Sociedad General Azucarera de España, quien presentó sus productos rodeando una reproducción de la Puerta del Carmen hecha con sus dulces terrones.

En la fachada recayente al edificio de Museos podemos ver dos de esas instalaciones de empresas particulares que quisieron ofrecer sus productos en edificios independientes de los pabellones principales. La de la izquierda corresponde a la de la Sociedad Anónima Gros, cuya sede estaba radicada en Barcelona y con delegación en Zaragoza en la calle Estébanes, 2, habitual asistente a las exposiciones, dedicada a la fabricación y distribución de abonos químicos. En ella exponía tanto los abonos como las materias primas para su elaboración, así como producciones agrícolas obtenidas con sus productos.

Pabellón Mariano diseñado por Josep María Pericas.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. ACM-70-439-465. Archivo Comarcal del Maresme

A su lado, e igualmente rodeada de jardines, la instalación del Permanent Nitrate Comitée, con sede en Londres, en la que se explicaban las bondades del nitrato de sosa, que la empresa obtenía mayoritariamente en Chile. Además de revistas en varios idiomas, la instalación, como propaganda, aún no se hablaba de marketing, regalaba saquitos de un kilogramo de nitrato para que los agricultores pudieran hacer ensayos con sus cultivos.

En las traseras del Pabellón Central una de las más originales instalaciones era la de la fábrica de sidra El Hórreo, de Hijos de Pablo Pérez, con sede en Colunga, Asturias. Construida con botellas de sidra, cuatro de las cuales, de gran tamaño, actuaban de columnas, la vemos rodeada de sillas en las que los visitantes se pudieron acomodar para degustar sus productos. Hay que decir que este hórreo no fue diseñado específicamente para su participación en 1908 en Zaragoza, contrariamente al resto de pabellones, sino que era un montaje utilizado por la empresa en diferentes exposiciones.

Pabellón de La Veneciana de Basilio Paraíso.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. ACM-70-439-463. Archivo Comarcal del Maresme.

Situado entre el Palacio de Escuelas y el Edificio de Museos, aparece la parte superior del Pabellón de abonos minerales de la Sociedad general de Industria y Comercio, con sede en Madrid, en lo que hoy sería el inicio de la calle de Moret.

La privilegiada atalaya desde la que Llorenç tomó la imagen permite ver la mole, hoy empequeñecida por los edificios modernos, de la iglesia de Santa Engracia, tras el Pabellón de Francia, con el hoy desaparecido teatro Pignatelli a su lado, y a la izquierda el colegio de los Jesuitas y la Facultad de Medicina y Ciencias.

Ya desde tierra firme nuestro cicerone catalán nos ofrece una imagen de la fachada del Edificio de Museos, incompleta a falta de las esculturas de la parte central, realizadas por Carlos Palao, y que no fueron colocadas hasta finales de octubre. Mientras se esperaba su llegada, ese espacio fue decorado con el anagrama de Alfonso XIII y unos arcos luminosos que sin duda destacaban en las horas nocturnas, con la leyenda “La Exposición Hispano-Francesa a D. Alfonso XIII, el primer expositor”.

Edificio de Museos, sin las estatuas realizadas por Carlos Palao del frontispicio.

Fondo Llorenç Nonell Sarret. ACM-70-439-461. Archivo Comarcal del Maresme

Llorenç también fotografió el pabellón de La Veneciana, empresa propiedad de Basilio Paraíso, principal artífice de que la muestra tuviera un carácter reconciliador con los antaño enemigos franceses. Construido en forma de puente, alojaba bajo su arco una góndola de tipo veneciano, y estaba decorado con artísticas vidrieras de las producidas por el negocio de don Basilio.

Los dos últimos pabellones de los que tenemos imágenes son de otros de los llamados efímeros, destinados a desaparecer tras la muestra. Ante el de los Altos Hornos de Vizcaya posa una de las hermanas de Llorenç, situado junto al Pabellón Mariano, ambos inaugurados el 13 de junio, el día anterior a la visita regia a Zaragoza, lo que sin duda impulsó la finalización de varias instalaciones, casi mes y medio después de la inauguración oficial de la Exposición. Diseñado este por otro catalán casi a modo de iglesia, el barcelonés Josep María Pericas, en su interior albergó la Exposición Mariana, un abigarrado conjunto que incluía una fuente circular con un juego de luces que imitaba vegetación, rodeando una imagen de la Virgen del Pilar sobre una columna de mosaico de azulejo. Fue uno de los últimos en derribarse, cuando la Junta de la Exposición Mariana, ante el estado de ruina del edificio, abrió un concurso de pliegos el 17 de junio de 1909 para realizar su demolición.

Y dejamos que Llorenç, sus padres y sus hermanas Rosa y Margarita sigan su visita a Zaragoza, de la que seguiremos hablando en las próximas entregas.

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