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Así era la fuente de la plaza San Miguel de Zaragoza que los vecinos piden que vuelva

El proyecto de reforma puesto en marcha por el Ayuntamiento de Zaragoza incluye una pérgola que desde el principio no ha gustado a los vecinos de la zona

Artículo de Iván Trigo para el Periódico de Aragón

Imagen de la plaza de San Miguel ca. 1910. Tratamiento fotográfico L. Fran Ríos.

Colección José Luis Cintora para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Las máquinas siguen trabajando en la urbanización de la plaza San Miguel de Zaragoza siempre con el ojo encima de unos vecinos que desde el primer momento se han mostrado muy recelosos del proyecto de reforma impulsado por el Gobierno municipal al frente del Ayuntamiento de Zaragoza. Desde que se hizo público el diseño de este concurrido espacio, la plataforma vecinal surgida a raíz de las obras ha cuestionado la decisión de instalar una pérgola para dar sombra y desde entonces llevan pidiendo una fuente que se les niega una y otra vez.

Esa fuente no es una idea nueva y es que lo que piden los vecinos no es otra cosa que inspirarse en el aspecto que un día lució la plaza San Miguel, hasta que los coches y el tráfico rodado obligaron a convertirla en una dársena de autobuses. Según explica Alfonso Martínez Abad en un artículo publicado por Fundación Ibercaja, en colaboración con la asociación cultural Anteayer Fotográfico Zaragozano, donde señala fue en los años 20 del siglo pasado cuando «quedó claro el papel que iba a jugar» la plaza «en el universo urbanístico zaragozano: espacio de paso y salida del centro».

«Molestaba ya la fuente, su jardincillo y todo lo que no facilitara la libre circulación rodada. Los vehículos a motor pronto abrieron paso, arrasando con todo lo que se puso por delante», escribía Martínez Abad. Entonces se retiró esta lámina de agua que estaba rodeada por una isla de vegetación y que ahora, con la reforma de San Miguel, podría haber regresado aunque hubiera sido como inspiración, ya que ubicarla en el mismo sitio en el que estaba hubiera dificultado el tránsito de autobuses.

Aspecto de la plaza San Miguel hacia 1896.

Aspecto de la plaza San Miguel hacia 1896.

Archivo Daniel Arbonés Villacampa para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Pero en vez de inspirarse en el pasado, los redactores del proyecto optaron por soluciones más innovadoras y decidieron instalar una suerte de pérgola a modo de «refugio climático» que contará con un botón para activar un sistema que pulverizará agua para refrescar el ambiente. Este elemento estará situado en la acera oeste, cerca de las terrazas de los bares que hay en la esquina con la calle San Miguel.

Sin embargo, los vecinos nunca se han mostrado convencidos y a lo largo de todos estos meses han presentado dos diseños alternativos a la pérgola con sendas fuentes de lámina con agua en movimiento constante, puesto que consideran que esta solución serviría realmente para refrescar el ambiente y bajar la temperatura de una plaza que en verano puede llegar a los 44 grados centígrados.

Esas dos opciones de fuentes propuestas ocuparían un espacio mínimamente mayor que la pérgola, unos 25 metros cuadrados, y estéticamente consideran que encajaría muchísimo mejor en un entorno como el de la plaza, con la iglesia de San Miguel de los Navarros como gran protagonista.

¿Cómo era la fuente?

Aquella fuente que ahora los vecinos ansían se instaló por primera vez en 1962, según detalla en su artículo Martínez Abad. No era tan grande como la que aparece en las imágenes y hubo que esperar unos 20 años para que «los señores regidores se decidieran a hermosear» este rincón de la ciudad «como era debido». «A tal fin se construyó el jardín ovalado que se observa con profusión de plantas y árboles y, en su centro, una sencilla fuente redonda«, refiere Martínez Abad. Aquel verdor pronto se cercó para evitar que la pileta se utilizara como abrevadero por parte de los ganaderos que entraban y salían de la ciudad por ese punto guiados en su regreso por el toque de la campana de los perdidos.

Unos 40 años después se retiró la lámina de agua, pero quedó para siempre en la memoria colectiva de una ciudad que rememora etapas de su pasado cada vez que se abre el subsuelo. Y así ocurrió en la plaza San Miguel, puesto que en las catas arqueológicas que se realizaron antes de iniciar con la reforma aparecieron restos de esta fuente. «No entendemos por qué tanta cerrazón. Hay un clamor por la fuente de lámina pero el ayuntamiento se ha cerrado en banda», critican desde la plataforma vecinal surgida a raíz de la reforma de la plaza.

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