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El Jardín Botánico de nuestra infancia (II)

El estanque que albergaba la clepsidra o reloj de agua, la casita para aves y toda la vegetación que lo arropaba. Todo ello desaparecido.

Colección José Luis Garde—Parques de Zaragoza para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Comparativa desaparecida y actual del Jardín Botánico de Zaragoza.

Fotografías: izquierda, José Luis Garde; derecha, Manuel Ordóñez Gracia para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Tras la publicación de nuestro artículo el pasado 20 de diciembre, para el periódico Aragón Digital sobre la desafortunada reforma del Jardín Botánico de Zaragoza, la alcaldía de nuestra ciudad se apresuró a emitir apenas unas horas después, una nota de prensa en la que intentaba justificar el terrible resultado de la misma, anunciando en ella que la clepsidra o reloj de agua diseño de Rafael Barnola iba a ser restaurada, y que esta regresaría a su lugar de origen, como si ese elemento indispensable fuera lo único que nos han sustraído de nuestro patrimonio y de nuestras vivencias, y que por consiguiente, debíamos alegrarnos de que esta fuera a regresar en un futuro todavía sin definir. Esto es, sin fechas concretas ni plazos de ejecución, tal y como nos viene acostumbrando este equipo de gobierno con otros ornatos y monumentos de la ciudad como el Quiosco de la Música, también situado en el Parque Grande y que a día de hoy, sigue sin recibir el presupuesto asignado para su restauración a pesar de llevar cerrado y sin uso desde hace varios años. En julio de 2024 anunciaron desde la página oficial del propio Ayuntamiento de Zaragoza una partida presupuestaria de casi 360.000 euros para su recuperación, partida que lleva durmiendo el sueño de los justos desde entonces, por lo que cabe deducir que la clepsidra correrá la misma suerte y el mismo abandono que el primoroso quiosco diseñado en 1908 por los hermanos José y Manuel Martínez de Ubago y Lizarraga.

El estanque que albergaba la clepsidra, la casita para ánades, la valla de madera y toda la vegetación que lo arropaba. Todo ello desaparecido.

Colección José Luis Garde—Parques de Zaragoza para Anteayer Fotográfico Zaragozano

En estas fotografías que nos ha cedido gentilmente José Luis Garde, se puede comprobar la pérdida patrimonial unida a la sentimental de un lugar con personalidad propia que hacía las delicias de todas aquellas personas que se acercaban hasta un entorno ciertamente romántico y un tanto oculto a la vista del paseante habitual. Sus pequeños y serpenteantes senderos invitaban al paseo sin rumbo en cualquier estación del año, lugar en el que además se podía disfrutar de las risas de los más pequeños observando a los patos con sus crías en el mencionado estanque. En las mañanas más frías, cuando el sol tarda en aparecer, algunos ejemplares buscaban el calor refractado en los bellos mosaicos de los bancos centenarios de Juan Ruiz de Luna, otro hermoso motivo para acercarse hasta el Jardín Botánico y recrearse con ellos. Hoy somos conscientes de una pérdida de identidad local que no será posible recuperar.

Varios ejemplares de ánades, hoy desterrados del botánico, descansando en uno de los bancos decorados existentes en el jardín.

José Luis Garde—Parques de Zaragoza para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Si algo bueno podemos destacar de la reforma efectuada recientemente en el Jardín Botánico es la restauración de los tres bancos decorados con publicidades de la época, diseñados por el toledano Juan Ruiz de Luna. De los otros dos destinados a la Dirección de Parques y Jardines de Zaragoza posteriores a 1925, no podemos asegurar ni su fecha de construcción ni la autoría de los diseños. Tan solo uno de ellos ha regresado al botánico. Desconocemos el paradero del que falta. En cualquier caso, damos la bienvenida a una petición largamente requerida desde nuestra asociación cultural y que afortunadamente se ha producido gracias al trabajo efectuado por el ceramista Fernando Malo y el escultor Frank Norton. Agradecemos por tanto, una vez más, esta recuperación patrimonial a pesar de la pérdida del resto de bancos que hace 100 años ornaron el paseo de Sagasta hasta su posterior traslado al Cabezo de Buenavista y que fueron desapareciendo por el nulo interés de las distintas corporaciones municipales, el paso del tiempo y el vandalismo más exacerbado. En la actualidad se encuentran ubicados en el propio botánico en formato blanco nuclear.

La pérgola cubierta de vegetación adosada al edificio destinado a la Dirección de Parques y Jardines, así como las jardineras anexas y los rosales también han sido arrasados tras la remodelación del Jardín Botánico.

José Luis Garde—Parques de Zaragoza para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Comparativa actual y desaparecida.

Fotografías de izquierda a derecha y de arriba a abajo:
Manuel Ordóñez Gracia para Anteayer Fotográfico Zaragozano. 03/01/2026
José Luis Garde, trepando por la pérgola, viña, Vitis vinifera. 07/08/2013
Manuel Ordóñez Gracia para Anteayer Fotográfico Zaragozano. 03/01/2026
José Luis Garde, naranjo amargo, Citrus aurantium. 20/05/2012

Volviendo al Jardín Botánico propiamente dicho, debemos detenernos en la pérgola de ladrillo y hormigón adosada al edificio que antaño albergó la vivienda del jardinero mayor de turno. Tras la remodelación de todo el espacio en 1972 para convertirlo en el recinto del Jardín Botánico que conocemos hoy, esa edificación se convirtió entre otras cosas, en las oficinas principales de la Dirección de Parques y Jardines. Dicha pérgola se cubría por completo cuando avanzaba la primavera generando una sombra deliciosa que tampoco ha sobrevivido a la reforma, ni siquiera el jardincillo de rosales ni los arbolitos cuya frondosidad y altura cubría el armazón. Tan solo han resistido los cinco naranjos que existieron antaño con una poda difícilmente entendible rodeados de unos alcorques insípidos, cercados estos igualmente por cemento impersonal y antinatural dado el lugar en el que se encuentran.

Durante los cambios de estación el Jardín Botánico mudaba su belleza para mostrarnos una nueva cara, sin duda más romántica que la que hoy nos ofrece. Liquidámbar. Liquidambar styraciflua. Desaparecida.

José Luis Garde—Parques de Zaragoza para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Comparativa de otro espacio del Jardín Botánico perdido para siempre.

Izquierda: diciembre 2025. Derecha: noviembre 2014. Manuel Ordóñez y José Luis Garde para Anteayer Fotográfico Zaragozano

La belleza del Jardín Botánico residía sobre todo en la leve decadencia del ciclo vital que se acentuaba durante el otoño, momento en el que las diferentes especies arbóreas adquirían unas tonalidades que invitaban al sosiego y a paseos calmados. Los coquetos puentecillos de madera no eran obstáculo para el recorrido de los senderos, al contrario, formaban parte del encanto primigenio que hoy nos han arrebatado y que difícilmente podremos olvidar. Del mismo modo las tajaderas que dejaban paso al agua que traía la vecina acequia de las Adulas para el riego del botánico, era un aliciente para los niños que en épocas pasadas todavía teníamos permitido mancharnos de barro y observar desde el suelo el avance del esencial elemento. En su lugar nos han obsequiado con una senda completamente inerte poblada de piedras artificiales con sonidos amaestrados desde un surtidor con rebases peligrosos en estado de oxidación permanente y de un gusto estético claramente cuestionable.

Dos surtidores gemelos y en paralelo intentan dar algo de vida a un lugar arrasado que antaño fue un crisol de especies botánicas de todo el mundo.

María Pilar Gonzalo Vidao para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Somos conscientes de la necesidad de renovar y mejorar las estancias públicas de la ciudad para que las generaciones venideras encuentren un legado próspero y bello, por eso no entendemos las reformas que amputan deliberadamente cualquier atisbo de herencia recibida, sobre todo, si esta solo necesita ligeras actualizaciones y un mantenimiento digno. En lugar de eso se ha apostado por un paisajismo simplista que descarta el cometido y uso de un Jardín Botánico con entidad propia. En una época en la que el cambio climático deja olas de calor y desertización en nuestro entorno, la pérdida de vegetación con décadas de arraigo debe entenderse como algo más que una mala decisión a la hora de reformar un espacio natural con el único propósito de ser inaugurado por el ayuntamiento de turno. Debería contar además como un punto de inflexión y como una intervención fallida que nunca más vuelva a producirse.

Arriba perspectiva actual. Diciembre 2025.

Abajo Ciruelo, Prunis cerasifera var. Pissarddi. 28-02-2011. Desaparecido.

Manuel Ordóñez Gracia y José Luis Garde para Anteayer Fotográfico Zaragozano
 

Comparativas actuales y desaparecidas. De arriba a abajo y de izquierda a derecha:
Manuel Ordóñez-Google Maps. María Pilar Gonzalo Vidao-José Luis de Dios para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Comparativa actual y desaparecida de otro espacio del Jardín Botánico.
María Pilar Gonzalo Vidao y José Luis Garde para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Comparativas de la desaparecida estación fenológica y fotografía del espacio vacío actual.
José Luis Garde y María Pilar Gonzalo Vidao para Anteayer Fotográfico Zaragozano

En este artículo nos hemos querido centrar en la pérdida ornamental y sentimental de una serie de elementos esenciales del Jardín Botánico que hacían de un lugar dedicado al aprendizaje y al disfrute un recorrido esencial para todos los públicos. Sin embargo, no podemos dejar pasar la falta de tacto a la hora de tratar a aquellos pioneros en jardinería que dedicaron su vida a hermosear espacios públicos como Javier Winthuysen, paisajista primoroso a quien un día se le dedicó un monolito en el propio jardín e incluso el nombre del mismo de forma oficiosa. Ahora se le ha retirado el honor en detrimento del farmacéutico y botánico samperino Francisco Loscos, y hasta el propio homenaje a su persona sin que sepamos qué ha sido de la piedra ni siquiera si esta se conserva. Del mismo modo, el Jardinero Mayor Fernando Gracia Gazulla, recibió tras su muerte en 1942, un sentido homenaje tras décadas de trabajo en el propio Parque Grande. Se trataba de un busto labrado en piedra arenisca sobre una columna de mármol negro, obra de Francisco Bretón, inaugurado el 20 de junio de 1943. Tras la retirada de la escultura por el deterioro y el vandalismo se le perdió la pista aunque al parecer estuvo en los depósitos que el Ayuntamiento de Zaragoza posee en la calle Madre Rafols. Una vez restaurada se trasladó al mismo edificio que iba a habitar el homenajeado en el Jardín Botánico, sin embargo falleció dos meses antes de este hecho y nunca llegó a vivir en esa casa. Posteriormente se reformó el edificio en 1972 cuando se inauguraron las instalaciones del Jardín Botánico y este se destinó a la Dirección de Parques, Jardines y Montes, así como a talleres de jardinería. En la actualidad el busto dedicado a Gracia Gazulla se encuentra en el hall de ese mismo edificio en el que ha permanecido abandonado a su suerte entre suciedad y escombros. Hace apenas unos días dejaban limpio el mencionado hall aunque el busto de Gracia Gazulla permanece oculto sin que pueda ser visitado. Algo que también debería hacer reflexionar a los responsables del Ayuntamiento de nuestra ciudad.

Busto dedicado al Jardinero Mayor del Ayuntamiento de Zaragoza, Fernando Gracia Gazulla, hoy retirado de su emplazamiento original entre materiales de construcción.

María Pilar Gonzalo Vidao para Anteayer Fotográfico Zaragozano

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