La historia de las dos ‘Quintas Julietas’ de Zaragoza: el jardín paradisíaco que dio nombre a un gueto y que se convertirá en parque público
Los nuevos desarrollos del sureste de Zaragoza transformarán unos suelos marcados por dos historias opuestas: la finca de recreo más bella de la ciudad y el poblado gitano que acabó convertido en símbolo de exclusión.
Artículo de Iván Trigo para el Periódico de Aragón

El nuevo enclave de la Quinta Julieta destinado a población gitana durante los años 80.
Daniel Pérez para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Zaragoza se encuentra en plena expansión y en ese proceso la capital va a asimilar zonas hasta ahora en desuso y que pasaban por ser parcelas abandonadas y solares llenos de basura. Algunos de esos nuevos desarrollos que van a ampliar la ciudad por el sureste van a levantarse en parcelas muy emblemáticas que han moldeado la historia de la capital aragonesa en las últimas décadas. Es el caso de los sectores 38/1 y 38/2 de la ciudad, en los límites de La Paz y San José, que se levantarán en lo que un día fue La Quinta Julieta, que fueron dos cosas distintas: primero una finca de recreo con jardines paradisíacos y más tarde, aunque no sobre el mismo lugar, un asentamiento que se construyó para alojar a familias gitanas y que tomó el nombre del primero por situarse en las inmediaciones.
Los ecos de estas dos historias contrapuestas resuenan todavía a orillas del Canal Imperial. La Zaragoza burguesa de finales del XIX y la Zaragoza oprimida de los años 80 convivieron separadas por unas décadas de tiempo y unas decenas de metros de distancia. La ciudad moderna levantará en la zona decenas de nuevos pisos, pero será importante no olvidar lo que antes ocupó este pedacito de la urbe. En un caso será más fácil que en otro.
La Quinta Julieta original fue una finca de recreo que se inauguró en 1897. La mandó construir el industrial Enrique Sagols y Ferrer, que la nombró en homenaje a su mujer, Julia Rodrigo «y fue sobre todo un espacio de recreo lleno de belleza creado con muchísimo gusto», explica la investigadora y documentalista María Pilar Gonzalo, presidenta de la asociación cultural Anteayer Fotográfico Zaragozano, una entidad que cuenta con más de 50.000 imágenes en su archivo.

Fotografía inédita de la cascada y gruta de la Quinta Julieta, hacia 1910.
Colección María Pilar Gonzalo Vidao para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Inspirándose en el Monasterio de Piedra, Enrique Sagols creó un «rinconcito de cielo», como lo denominó Ramón J. Sender, quien dedicó a la Quinta Julieta un tomo de su Crónica del alba. No fue el único ilustre que visitó el lugar: Basilio Paraíso, Jacinto Benavente, Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós también pasearon por sus jardines, seguramente los más bonitos que haya tenido nunca la ciudad de Zaragoza.
La finca de la Quinta Julieta pasó a manos de los Jesuitas en 1917. Allí sigue estando hoy una casa de ejercicios espirituales, si bien el aspecto de sus ornamentados jardines dista mucho de lo que fue. Sí se conserva una gruta artificial que se recuperará (cuya imagen acompaña a estas líneas) y será parte de un nuevo parque público que se construirá en este sector de la ciudad.

Imagen reciente de la gruta de la Quinta Julieta que se abrirá al público integrada en un parque.
Colección María Pilar Gonzalo Vidao para Anteayer Fotográfico Zaragozano
«Queremos darle lustre a la zona e intentar recuperar lo que un día fue. Ese es uno de los objetivos de nuestro planteamiento», explica Ignacio Sainz, autor del plan parcial que dará forma a este desarrollo junto con Miriam Valdivieso. «Queremos dotar al sector y a toda la ciudad de un espacio de calidad. La gruta se recuperará y se integrará en el espacio público. Será una zona verde de libre acceso», explica el urbanista, que todavía no dispone de plazos definidos para hacer realidad este proyecto.
Pero eso que ahora será un parque fue la Quinta Julieta bonita, la que permitió el disfrute de algunos zaragozanos. Hubo otra que a pesar de tomar el mismo nombre no resultó un paraje tan idílico. Esta segunda Quinta Julieta, que estaría situada hoy al otro lado del tercer cinturón de la quinta original, fue en los años 80 un asentamiento de viviendas que se levantó con el objetivo de terminar con el chabolismo en la ciudad. Pero el resultado de este experimento fue la exclusión y estigmatización de decenas de familias, familias gitanas que vivieron sobre unos terrenos que también se van a reurbanizar en los próximos años. Aquí, sobre los cimientos convertidos hoy en escombros del poblado de la Quinta Julieta se levantará Parque Venecia 2, un nuevo barrio con capacidad para 1.115 pisos.
La segunda Quinta Julieta
La historia de esta segunda Quinta Julieta zaragozana se gestó en 1980, cuando el Ministerio de Obras Públicas, la DPZ, el Ayuntamiento de Zaragoza, la Asociación para la Promoción Gitana La Paz, y Cáritas firmaron un convenio que se concretó en la construcción de decenas de viviendas para alojar a las familias gitanas que hasta entonces vivían diseminadas en distintos asentamientos de infraviviendas repartidos por toda la ciudad, entre ellos desde el poblado chabolista de Las Graveras, que más tarde se convertiría en el parque de La Paz.
La idea fue bien valorada en un inicio por todos los actores implicados pero resultó un auténtico fracaso puesto que supuso la segregación de casi un millar de personas a las que se apartó del resto de la ciudad, acelerando una estigmatización que los gitanos nunca han podido quitarse de encima. «Se les dio una casa pero se les privó de cualquier forma de ganarse la vida. Estaban aislados, desconectados del resto de la ciudad», recuerda la investigadora María Pilar Gonzalo, que como vecina de los barrios próximos a la zona guarda recuerdos de lo que fue aquello. «Recuerdo perfectamente cuando era pequeña que los mayores nos decían que no nos fuéramos muy lejos de según donde. La primera vez que fui consciente de lo que era la pobreza fue cerca de allí, cuando vi a una madre gitana lavando a sus hijos con una manguera en la calle. Ahí sentí por primera vez que había diferencias sociales entre familias que vivían relativamente cerca», cuenta.

Niños jugando sobre basura en la Quinta Julieta.
Daniel Pérez para Anteayer Fotográfico Zaragozano
La Quinta Julieta se convirtió en un gueto y al racismo y los prejuicios de los payos se unió la heroína, que como en el resto de la sociedad causó estragos en los años 80. Ningún zaragozano que no viviera allí iba a la Quinta y los habitantes de la Quinta eran vistos como delincuentes lejos de sus calles. Una curiosidad: la ilustre periodista Maruja Torres estuvo viviendo en Villa Julieta, como ella denominó al lugar, como infiltrada entre las familias gitanas para dejar constancia ante el resto de la sociedad temerosa de aquel lugar de lo que era aquello. Su experiencia la dejó escrita en un reportaje y en el libro Mujer en guerra, para el que quiera saber.
Y es que no todo lo que se vivió en la Quinta Julieta fue negativo. «Yo me críe en la Quinta», recuerda Carmen Dual Clavería, presidenta de la Federación de Gitanas de Aragón, un cargo en el que sucedió a su madre, La Rona, todo un símbolo de la lucha por la integración del pueblo romaní y la lucha contra el antigitanismo. «Mis recuerdos son recuerdos de infancia, de juegos en la calle, de compromiso entre las familias, comunidad, vecindad…», dice. Pero claro, eso es lo que vivió desde su perspectiva cuando era niña. Una vez creció fue consciente del odio que recibían por parte de otros ciudadanos, un odio que era más fácil de manifestar cuando todos a los que tienes que criticar están encerrados en las mismas calles. «Yo recuerdo vecinos que decían que querían bajar con antorchas a quemarnos vivos. Éramos unos apestados. Cada vez que había un hurto en La Paz habíamos sido nosotros. Eso es difícil de digerir», lamenta Dual.

Mujeres en la calle en la Quinta Julieta. Años 80.
Daniel Pérez para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Cuando las instituciones se comenzaron a plantear que las familias gitanas tenían que salir de la Quinta, hubo protestas en las zonas de la ciudad a las que se iban a trasladar estas familias. «Recuerdo que Zaragoza abría muchos días el Telediario con imágenes de la Policía enfrentándose a vecinos que protestaban por la llegada de gitanos a pedrada limpia», dice Gonzalo. Al final, se demolió el gueto pocos años después de su construcción y se optó por lo que hoy puede parecer más lógico pero que entonces no era tanto. La Rona reivindicó siempre el derecho de cada familia gitana a elegir dónde vivir y rechazó un nuevo traslado grupal y forzoso. Así, se dio un dinero a cada unidad familiar para poder comenzar una vida allá donde quisieran, que será lo mismo que hagan los nuevos vecinos que se compren un piso en Parque Venecia 2 situado sobre los cimientos de lo que un día fue un pozo de miseria y cerca de un jardín que volverá a brillar como hace un siglo.
Dos imágenes dentro del poblado denominado Quinta Julieta. Años 80.
Daniel Pérez. Anteayer Fotográfico Zaragozano


