Luces y devoción en la Zaragoza de 1908

La cúpula central del Pilar con motivos lumínicos, la media corona real aragonesa montando a esta y en la cúspide, la cruz de Íñigo Arista.
Fondo Llorenç Nonell Sarret. Archivo Comarcal del Maresme para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Llorenç Nonell Sarret tenía 17 años cuando recorrió las calles de una Zaragoza entusiasmada por los fastos de la Exposición Hispano-Francesa de 1908. No vino solo, le acompañó su familia procedente de una estirpe de empresarios viveristas e investigadores agrónomos catalanes asentados en Mataró, cuyos inicios datan de 1802 bajo el nombre de “Semillas Nonell”. Cuando sus padres y sus dos hermanas se fotografiaron en los lugares más típicos de la capital su negocio brincaba los cien años de antigüedad. Tal vez por eso no quisieron dejar pasar la oportunidad de conmemorar el centenario de los Sitios de Zaragoza, un recordatorio festivo que unía pacíficamente a dos países enfrentados en el pasado en un conflicto bélico, España y Francia en la Guerra de la Independencia, y cuyo precursor de la saga, Joan Nonell i Vinyes, su esposa María Rosa Cases Rovira y gran parte de sus diez hijos vivieron en primera persona.

Llorenç Nonell Sarret.
Archivo Comarcal del Maresme para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Llorenç, como cualquier joven de su edad se dejó llevar por las novedades que presentaban las calles y plazas adornadas con guirnaldas, arcos voltaicos, banderolas e iluminaciones, disparando con su cámara fotográfica fogonazos de modernidad y belleza dejando estampas fastuosas que ya forman parte de la historia de nuestra ciudad. En esta primera entrega nos vamos a detener en las imágenes realizadas desde una de las dos torres que tenía en esos momentos la catedral del Pilar, la torre de Santiago; la plaza del Pilar y la calle Alfonso I.

Plaza del Pilar con sus tradicionales kioscos de venta de recuerdos y las iluminaciones de la fachada de la catedral.
Fondo Llorenç Nonell Sarret. Archivo Comarcal del Maresme para Anteayer Fotográfico Zaragozano
Habían transcurrido tres años desde la coronación pontificia de la imagen de la virgen y se consideró que una forma de integrar este acontecimiento con la exposición sería iluminar la fachada principal del templo junto a sus cúpulas y torres representando emblemas y motivos histórico-religiosos, sellando de ese modo el interés del deán del Cabildo, Florencio Jardiel, en vincular patria y fe por delante de la concordia defendida por Basilio Paraíso en una mirada clara hacia el futuro. En esa dicotomía de procederes unos clamaban por la interpretación de orgullo y nación frente a la futura conquista comercial de Europa atravesando los Pirineos con su consigna de paz y trabajo. Mientras tanto, Nonell Sarret se asomaba desde la torre para retratar la cúpula central de la catedral del Pilar en la que su balcón circular aparece adornado con una semicorona real aragonesa. En su faja motivos lumínicos circulares le daban empaque, para finalmente lucir en la parte superior de la cúpula, entre el cielo azul, la cruz blanca de Íñigo Arista, rey de Pamplona y del Sobrarbe, tal y como figura en el segundo cuartel de nuestro escudo heráldico. Al fondo de la imagen, el padre Ebro con su lengua infinita se abre camino ofreciendo riqueza a su paso por la huerta ribereña. Son las diez y cuarto de la mañana, la Zaragoza católica quedaba inmortalizada en unos negativos de vidrio estereoscópicos de 10,8 X 4,5 cm.

La calle de Alfonso I, estampa de la Zaragoza moderna y costumbrista.
Fondo Llorenç Nonell Sarret. Archivo Comarcal del Maresme para Anteayer Fotográfico Zaragozano
No sabemos si Llorenç realizó la fotografía de la plaza del Pilar antes o después de subir a la torre, lo que sí adivinamos es su interés por retratar luces y sombras, perspectivas diferentes a las acostumbradas por otros fotógrafos de la época, mostrándonos unos encuadres novedosos a pesar de su juventud. El camino adoquinado que conduce al templo junto al Kiosco de venta de recuerdos y medallas del Pilar de Ignacio Aguilar llamado Platero de las dos catedrales, custodia la puerta baja en la que luce sobre una de las ventanas circulares la cruz de Santiago, pareja a la de San Jorge colocada en la puerta alta simbolizando las batallas de Clavijo y Alcoraz durante la reconquista. El fotógrafo también retrata una de las doce estrellas iluminadas que copaban la fachada y que iban de una puerta a otra simulando a las que adornaban la corona de la virgen. Por muy poco no podemos ver el medallón con el escudo de la ciudad colocado en la novísima torre de Nuestra Señora del Pilar, tapado por el arbolado existente. El otro medallón, el que representaba al Cabildo, se encontraba en la torre de Santiago.

Arcos voltaicos para conmemorar el centenario de los Sitios en la calle de Alfonso I.
Fondo Llorenç Nonell Sarret. Archivo Comarcal del Maresme para Anteayer Fotográfico Zaragozano
La familia Nonell Sarret también disfrutó de un bonito paseo por la calle más señorial de Zaragoza, la calle de Alfonso I con sus distinguidos comercios como La Campana de Oro en el número 41 desde 1892, concesionaria de las máquinas de coser Singer o la de paños de Muñoz y Pardo, sucesores de Anechina en el 28-30. El arco efímero dedicado a Ntra. Sra. del Pilar enmarca la entrada a la plaza, y con ella, al fondo emerge la iluminación del Anagrama de la Virgen y sobre ella, la corona real borbónica. También deslumbran otras tantas estrellas antes mencionadas y el detalle de varias escaleras encastradas aún en la fachada como muestra del montaje de la casa Kribben de Barcelona, bajo proyecto del zaragozano José Nasarre. El suelo todavía húmedo tras las últimas lluvias embellece incluso más una calle Alfonso decorada con coquetos arcos voltaicos, testigos ilustres por los que transita el costumbrismo más arraigado y la devoción a una virgen. Tradición y modernidad parecían estar destinadas a entenderse. El verdadero siglo de las luces, aunque tarde, había llegado para quedarse.



