Vedettes contra la especulación

Idealización por parte del autor del cartel que lucía el Oasis en torno a 1977
Regresada de la tumba tras la crisis del 2008, cierta promotora proclama con júbilo en su web: «Sólo queda una de las 53 viviendas de 1, 2 y 3 dormitorios a pocos minutos de la Plaza del Pilar». Se deduce el buen funcionamiento de la máquina de la que hablaba mi tía Fina: «Por aquí entra el cochino (hacía una pausa dramática) y por acá salen los chorizos». Por un lado entró al ingenio inmobiliario un solar, antaño ocupado por 16 fincas hogar de un centenar de familias, y por el otro salió un escoscado edificio.
La fotografía la toma Gerardo Sancho en enero de 1969, como curiosidad, diez años después de que en el 2 y el 4 de Ramón y Cajal, a la izquierda, Plácido Muñoz abriese “Casa Muñoz”, cuyo letrero aquí aún puede leerse, yéndole tan bien que en menos de una década inauguró su primer “Galerías Primero” en la esquina de Cinegio.

Calle Ramón y Cajal. Gerardo Sancho Ramo. 1969. Archivo Municipal de Zaragoza. AMZ_4-1_0042541
Por aquellos tiempos los paisanos procedentes de las Cinco Villas se apeaban del coche de línea en la plaza de Salamero, y de camino al Mercado por la hoy inexistente calle del Azoque se paraban en los escaparates de las también inexistentes Cerdán y Escuelas Pías, aunque sin atreverse a entrar a preguntar por aquellos preciosos vestidos estampados porque a la parienta le quedaban todavía tres meses de luto por un cuñado al que atrapó la cosechadora.
Y si de cosechadoras hablamos, dado que la FIMA no les ocupaba todo el día el cartel al fondo de la imagen cumplía una función imprescindible. Allá los parisinos si en su indiscreta urbe el Folies Bergère puede verse desde lejos. Zaragoza no es así. Por no ofender a la burguesa temperancia mantuvo siempre escondido a su mejor teatro de variedades, patria de vedettes de largas piernas, picardías —dentro de un orden—, un señor negro que tocaba la trompeta y una morena vistosa que con un chorro de voz cantaba «No te vayas de Navarra si no quieres que me muera, flamencona, no te vayas de Pamplona».

Aragón Exprés. 28 de julio de 1977
Obedeciendo a la flecha al forastero le bastaba girar la esquina para vislumbrar los focos del Oasis apuntando al cartelón, que en cuenta de pegado al muro estaba instalado en ángulo a fin de que lo viese mejor.
Las casas anejas a las aquí retratadas pronto desaparecerían dando lugar a un predio que sirvió de aparcamiento a quienes acudiendo a la revista no temían por la suerte de su Seat 124. Finalmente, saltado el milenio las excavadoras a las órdenes del PICH (Plan Integral del Casco) arramblaron con lo que quedaba. Al Oasis le salvó su raro mirador del XVI pero se quedó solo, coincidiendo la soledad con el declive. A resultas de la actuación, donde otrora se estrangulaba la calle Boggiero se obtuvo un ensanche generosamente catalogado como plaza. Por más que lo de ley hubiese sido dedicársela al cabaré, se le puso el nombre de un venerable escolapio. No obstante, no pareciéndole incompatible al área Municipal de Infraestructuras el sacerdocio con las medias de cristal, dedicó allí un pequeño homenaje escultórico al Oasis, para entonces muy alejado de su vocación original.

Aragón Exprés. Fiestas del Pilar de 1988 (pudo ser tomada en una fecha anterior)
Cuando en 2023 cayó la última casa de la manzana aventuramos algunos que en las consiguientes prospecciones aparecería algún valioso resto zagrí que detuviese las obras. Pero los vestigios arqueológicos, tímidos cabrones, se esconden cuando nos hacen falta. Inasequibles al desdén, los mismos ababoles tuvimos la esperanza de que la oportuna consejería crease una plaza que además de permitir al colegio exhibir su antes oculta fachada lateral, ofreciese al vecindario un espacio con bancos desde los que al atardecer ver recortarse la torre iluminada de San Pablo.
Tampoco.

Celestino Moreno, entonces propietario, posa ante el cartel de Sergio Abraín y Miguel Ángel Encuentra. Ca. 1980. Blog de Javier Barreiro
Quien suscribe, crío curioso al que jamás se le vetó una calle, alcanzó a conocer en el Oasis un cartel muy pop —algún día colorido— basado en vedettes y trombones. En los años ochenta, buscándole al negocio un giro se les encargó un mural a los artistas Abraín y Encuentra. La idea no chutó, y tras desmontar y extraviar la magnífica obra se colocó un gran panel blanco sobre el que pegar los afiches de la Claver y Regina dos Santos.

El Oasis en 1987. Antonio Calvo Pedrós. Archivo Municipal de Zaragoza. AMZ_4-1_0132858
Fue después que el frente del establecimiento se pintó de un enervante rojo fucsia y sobre el cartelón se repartieron ocho figuras idénticas de mujer, desnudas y de espaldas, una estilosa explicitud que no tardó a ser neutralizada, malamente, rellenando cada silueta con purpurina, dando como resultado un ordinario remedo femenino del Oscar con el que el Oasis intentó, sin éxito, auparse en el XXI.

Cambios en el sector: Antes de la apertura de Conde de Aranda. (Plano de D. Casañal, 1879). Con la manzana en proceso de demolición. (Plano de Galtier, 1971). Vista aérea antes de la urbanización actual. (Google Maps, 2022). Con el edificio de Ramón y Cajal nº4 terminado. (Catastro, 2025)



