El Jardín Botánico de nuestra infancia

Aspecto del Jardín Botánico antes de su remodelación. 09-11-2022.
Fotografía José Luis De Dios para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
Quienes hemos disfrutado de las coquetas veredas, los sinuosos paseos y el frescor de sus especies arbóreas no podemos callar ante lo que consideramos un despropósito en toda regla. El Jardín Botánico que todos hemos conocido ha desaparecido, en su lugar nos han presentado un remodelado receptáculo acondicionado como un salón al aire libre para bodas, bautizos y comuniones. Aséptico, rasurado y sin alma. Como un piso piloto que sabes que nunca va a ser habitado.
Todo un disparate que viene siendo habitual desde que este equipo de gobierno se puso la tarea de remodelar los espacios públicos en los que atisba algo de naturaleza, tales son los casos de la plaza de Salamero y la de Santa Engracia, o el de los antiguos depósitos de agua de Pignatelli por poner algunos ejemplos sangrantes y destructores de nuestro patrimonio. Ahora le ha llegado el turno al Jardín Botánico, espacio familiar en el que cabían desde las recién constituidas parejas en busca de besos furtivos hasta los adolescentes ávidos de soledad disfrazada en lectura alternativa. Es difícil encontrar a algún ciudadano de esta bimilenaria urbe que no haya dejado pasar el tiempo entre sus en apariencia caóticos senderos, mientras disfrutaba del paseo entre puentecillos de madera parapetados de tajaderas, en otro tiempo escondite de tiernos infantes entre los surcos horadados gracias al agua que regulaban.
El Jardín Botánico, desahogo de abuelos domingueros bolsa de pan en mano y nietos a su cargo ha perdido además a sus habitantes más fieles, los patos, y con ellos, también se han extraviado felinos antaño dispuestos a recibir las caricias solares que irradian durante las frías mañanas de invierno.
No han dejado nada. Se han llevado nuestra memoria.
Tan solo nos quedan las noticias conservadas en las hemerotecas y las fotografías tomadas seguramente por miles de personas, locales y foranas que disfrutaron de un lugar, en los últimos tiempos ciertamente en decadencia, por la falta de mantenimiento debido al desinterés de las autoridades competentes.

Los gatos, fieles visitantes del Jardín Botánico. 10-04-2016.
Fotografía Manuel Ordóñez Gracia para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
Los inicios del Jardín Botánico del Parque Grande
El ocho de agosto de 1972, Domingo Martínez Benavente mostraba en su sección “Zaragoza de cabo a rabo”, en el periódico El Noticiero, la crónica de la instalación en el Jardín Botánico de un centro fenológico y el de una estación meteorológica agrícola, hoy desaparecidas, que permitirían el estudio climático para que las plantas pudieran desarrollarse en las condiciones más adecuadas, y del mismo modo, explicaba que estos elementos dependían de la Jefatura del Centro Meteorológico del Ebro en colaboración con la Delegación de Parques y Jardines del Ayuntamiento. Aunque en aquel tiempo todavía faltaban de rematar elementos importantes para que todo estuviera a punto para la inauguración en la avenida de San Sebastián, dentro del entonces denominado como parque Primo de Rivera por el alcalde Mariano Horno Liria, las obras avanzaban lentamente. Finalmente el corte de cinta llegaba el 17 de noviembre de 1972, un acontecimiento al no faltó nadie que fuera alguien dentro de la sociedad autárquica del momento. El propio alcalde acompañado de sus concejales y las esposas de estos; el gobernador provincial Rafael Orbe Cano, generales de división, el gobernador militar, el Fiscal jefe, Martín Ballestero; magistrados, delegados de Información y Turismo, el subjefe provincial del Movimiento, el jefe superior de Policía, el teniente coronel Liso, a la sazón jefe del Servicio Meteorológico y hasta la reina de las fiestas del Pilar, Rosa María Malumbres; quisieron estar presentes. Les recibió a la entrada del recinto el teniente de alcalde de Parques y Jardines, García Muniesa; el ingeniero de Parques y Jardines del Ayuntamiento, Rafael Barnola; autor además de la clepsidra que recientemente también nos han sustraído del Jardín Botánico.
Claro que para que este estuviera listo en aquellas fechas primeramente tuvieron que ser remodelados los terrenos que ocupaban los antiguos viveros del Ayuntamiento. El perímetro dedicado a estas tareas era exactamente el mismo que el que ocupaban sus anteriores moradores cuando en 1939 se trasladaron desde las proximidades de la desaparecida Puerta del Duque al primigenio Parque de Buenavista, denominado así desde su proyección en 1923 hasta su inauguración oficial el 17 de mayo de 1929, fecha en la que pasó a llamarse de Miguel Primo de Rivera hasta la entrada en vigor de la II República en 1931. Tras el golpe de estado, volvería a ostentar desde 1937 el nombre del dictador Primo de Rivera hasta 2010, cuando se decide darle el nombre de Parque Grande José Antonio Labordeta que ha llegado hasta la actualidad y en el que se encuentra el Jardín Botánico de Zaragoza.

Estación fenológica desaparecida del Jardín Botánico. 24-06-2022.
Fotografía Celia Sánchez García para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
La casa en la que vivía el jardinero mayor, lógicamente también recibió su consiguiente lavado de cara convirtiéndose en un moderno chalet. Algunos de los jardineros mayores que ocuparon las primeras instalaciones desde los inicios del parque hasta la época franquista de los años 40 fueron Fernando Gracia Gazulla, Félix Abenia Oliver o Abelardo López de Frutos.
En octubre de 1970 se le adjudica a Víctor Ortilles Cubel las obras del cerramiento del Jardín Botánico por 780.802 pesetas y será entonces cuando comiencen las obras que darán vida al nuevo recinto que hasta 2025 se había mantenido sin demasiados cambios en su interior. En febrero del 71 avanzan los trabajos y se decide que el chalet que se encuentra en la entrada del espacio naturalista acoja en su planta más elevada las oficinas de la Dirección de Parques, Jardines y Montes, y en la baja, el aula para jóvenes de entre 15 y 16 años de la Escuela de Jardinería. Justo un año después, vecinos jubilados del Hogar Antonio Lasierra, perteneciente a la Caja de Ahorros y Monde de Piedad de Zaragoza del barrio de San José, realizan plantaciones de árboles, tal y como refleja una placa elaborada en azulejería en el mismo edificio y que milagrosamente se ha salvado. Lo que no ha sobrevivido a la actual remodelación es la pérgola unida a la edificación ni tampoco las jardineras anexas.
Como hemos mencionado anteriormente, la inauguración del Jardín Botánico se produjo en noviembre del 72 con sus puentecitos semielevados de madera, su estación fenológica y sus serpenteantes paseos acompañados de un riachuelo procedente de la cercana acequia de las Abdulas delimitado con tajaderas, así como un agradable estanque con plantas acuáticas y ánades que hacían las delicias de los visitantes varios años después. Nada de eso se ha salvado.

Pérgola, arbolado y jardineras desaparecidas tras la remodelación del Jardín Botánico. 16-04-2017.
Antonio Gámez Cano para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
La clepsidra o reloj de agua, otro de los alicientes desaparecidos en el jardín Botánico, fue diseñado en 1973 por el ingeniero de Montes, paisajista, escultor y pintor Rafael Barnola Usano. Utilizando tres esferas de forja que marcaban en números romanos las horas y con números arábigos los minutos, ponía en marcha el mecanismo mediante el engranaje de una noria movida por un depósito de agua, aunque lamentablemente, casi nunca la vimos funcionar ni marcar las horas como correspondería. Se inspiró en una fuente cinética ubicada en el aeropuerto de Barcelona, aunque tuvo que esperar diez años más para que esta fuera colocada en el coqueto estanque que también ha pasado en la actualidad a mejor vida, para sorpresa de todos. A cambio, esta alcaldía ha tenido a bien obsequiarnos con un pequeño lago en sustitución del anterior en el que luce el nuevo nombre del Jardín Botánico asignado al samperino Francisco Loscos, y es que en esta tierra somos muy de desvestir santos para vestir a otros, desapareciendo por tanto el nombre y el monolito realizado en memoria del que fuera uno de los diseñadores del parque, Javier Winthuysen: paisajista y pintor sevillano de antepasados originarios del Flandes español, y cuyos conocimientos y autoridad sirvieron para dar forma a gran parte del Parque de Buenavista, incluidos los jardines que hermosearon el Rincón de Goya obra y diseño de Fernando García Mercadal, tras su conferencia en el Ateneo de Zaragoza el 23 de diciembre de 1924. Winthuysen un experto en jardines históricos forma parte de la Institución Libre de Enseñanza a través de su amigo Juan Ramón Jiménez, y en su traslado a Madrid, el escritor consigue junto a Joaquín Sorolla que la Junta de Ampliación de Estudios le conceda una beca para documentar los jardines clásicos de España. Poseía una sensibilidad poco común para la época por lo que fue invitado por el consistorio zaragozano. En esa conferencia proclama las ventajas de tener el agua cerca del terreno destinado, la verde corona del Cabezo, la pintoresca ribera del Huerva, mostrando la preferencia de realizar un parque de estilo Mudéjar basándose en un primer momento en la adquisición de álamos y olmos más acordes a las temperaturas extremas que se sufren en la ciudad por delante de plátanos orientales, sóforas japonesas o surtidos de coníferas que ya habían encargado desde el Ayuntamiento.

La desaparecida clepsidra o reloj de agua, obra de Rafael Barnola junto al también desmantelado estanque y casita para aves. 2016.
Jesús Crusellas Abián para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
No nos oponemos a que la figura de Francisco Loscos tenga la relevancia que merece, lo que no comprendemos es por qué tiene que ser en el Jardín Botánico de Zaragoza a costa de Javier Winthuysen. Al menos, que el memorial levantado en su nombre encuentre acomodo en otro lugar del Parque Grande como recordatorio de su trabajo y embellecimiento de esta ciudad.
Volviendo al estanque recientemente colocado tiene la virtud de disponer de un juego de luces de colores que tanto gustan a este consistorio, una seña de identidad que comienza a ser obsesión en todas las representaciones públicas sean estas navideñas o no, vengan a cuento o tampoco. Sí debemos felicitar a la corporación municipal por la recuperación de los centenarios bancos decorados con mosaicos, obra de Juan Ruiz de Luna, gracias al trabajo de restauración del ceramista Fernando Malo y del escultor Frank Norton. Un legado que ha estado a punto de sucumbir por completo, salvándose apenas tres de los diseños originales que un día ocuparon el paseo de Sagasta. Nos congratulamos de que nuestro llamamiento a través de diferentes medios de comunicación a lo largo de los últimos años, haya tenido efecto sensibilizando a la autoridad competente. Lo que ya no tiene remedio es toda la vegetación desaparecida, el número de ejemplares de árboles que han desmantelado, convirtiendo lo que debería ser un vergel de diferentes especies del mundo en un jardín de adosado en Montecanal.
El paisajista y pintor sevillano Javier de Winthuysen, 18-04-1925, La Esfera. A la derecha, imagen del monolito, hoy desaparecido, dedicado al impulsor de las obras de acondicionamiento del Parque de Buenavista. 06-07-2016.
Fotografía Judith Ochoa para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza
Imágenes tomadas antes de la actual remodelación del Jardín Botánico dejando en evidencia todo lo que se ha perdido.
Fotos de izquierda a derecha y de arriba a abajo: 1, 4 y 6 José Luis de Dios, 2 y 3 Fernando Lázaro Salanova, y 5 Ignacio Ribate para nuestro grupo de Facebook Fotos Actuales de Zaragoza

Años 80. Fotografía tomadas en el Jardín Botánico. Los puentes de madera, senderos y las tajaderas que regulaban el agua desaparecido.
Grupo Scout Buen Pastor de Torrero para Anteayer Fotográfico Zaragozano

Años 80. Fotografía tomada en el Jardín Botánico en la estación fenológica, hoy desaparecida, junto a la vegetación que la rodeaba.
Grupo Scout Buen Pastor de Torrero para Anteayer Fotográfico Zaragozano



